Mi viaje por Reino Unido (Inglaterra y Escocia).

¡Hola a todos! Cuánto tiempo, ¿verdad? Como os decía ayer, vuelvo por aquí: ¡yupi! Y no se me ocurría mejor manera de hacerlo que contándoos mi reciente viaje, de esos que son inolvidables: a grandes rasgos me di la vuelta a Reino Unido. Ok, a muy grandes rasgos: una semana no daba para más!

Por Instagram (mi nick allí es latiamaruja, qué original) fui compartiendo fotos según pillaba wi-fi, pero quería hacer un post para contároslo. Abajo del todo dejaré links a los B&B donde nos alojamos, mapas, descuentos, etc. Si necesitáis más información preguntadme, en lo que pueda os ayudo si es que vais a pasar unos días por allá.

London Eye

Notas previas

Dar la vuelta a Reino Unido en una semana es muy precipitado: en cada ciudad que visitamos estuvimos un día de media y seguro que se merecían más tiempo. Sin embargo, salvo Londres, las ciudades de Reino Unido son más bien pequeñas y si lo que uno quiere es respirar el ambiente y dar un paseo por el casco antiguo (como era el caso) con un día en cada una basta. Por supuesto, nos dejamos tanto por ver... ¡Habrá más ocasiones seguro!

Aterrizamos en Londres Stansted. Londres suele ser el lugar más barato para llegar a Reino Unido. El resto del viaje lo hicimos en tren, salvo los traslados al aeropuerto, que los hicimos con easyBus.

El ferrocarril está liberalizado en Reino Unido, por lo que es conveniente comparar compañías y ver cuál es la que más conviene en cada trayecto. Además, si cumplís ciertos requisitos, podéis solicitar un descuento adicional comprando la Railcard (cuesta 30 libras, pero si vais a viajar mucho en tren sale a cuenta) y si llegáis en tren a Londres, tenéis acceso a muchas actividades con 2x1.

El viaje

Aunque aterrizamos en Londres, no nos quedamos allí: rápidamente tomamos el tren a Chester. En el pasado estuve viviendo allí, así que para mí fue un agradable regreso al pasado. Chester es una de las ciudades más bonitas que conozco. Está cerca de Liverpool y de Manchester y a 5 kilómetros de Gales. Pasear por sus calles es como estar en una película de Harry Potter. Las casas son preciosas, tiene catedral, muralla, teatro romano, ardillas, río con cisnes y puente blanco sobre él: ¿qué más se puede pedir?

Calles de Chester

Al día siguiente tomamos el tren a Carlisle, una ciudad muy cercana a la frontera con Escocia. De hecho, a sus afueras se encuentra el Muro de Adriano (un emperador romano que, cansado de luchar contra los escoceses, decidió construir el muro y dejarlos apartaditos). Si os digo la verdad, la ciudad en sí no tiene nada especial... salvo algo por lo que destaca muy mucho: su castillo, la catedral y los edificios que la rodean.

Catedral de Carlisle

Fish and Chips

Tras cenar un buen fish and chips en un pub y arroparnos en la cama mientras fuera caía el diluvio universal, al día siguiente nos fuimos a Edimburgo. El viaje fue espectacular, sobre todo cuando el tren se fue adentrando en Escocia: todos los tonos de verde habidos y por haber coloreando colinas llenas, qué digo llenas, cuajadas de ovejas. Nunca había visto un país con tantas ovejas. En Gales hay dos ovejas por habitante, pero un escocés nos dijo que en Escocia hay siete por cabeza. Le creo. También le pregunté que qué hacen con tanta oveja, que si las ordeñan y hacen queso. Nos dijo que no, que básicamente las usan para carne y para lana. Una plaga, señoras.

Edimburgo es una ciudad preciosa, diferente en su arquitectura. Muy señorial, diría yo. Las casas son de piedra y pizarra, ya lejos del ladrillo londinense. Se nota que debe de hacer fresquito en invierno. De hecho, cruzarse un país de abajo-arriba tiene eso, que vas viendo cómo va cambiando la forma de las casas y los materiales de construcción. Los escoceses son gente maja, amantes de su tierra, de su pasado y de sus costumbres, pero es que es imposible no amar ese país en cuanto se pisa.

Calles de Edinburgo, con señor con kilt (izquierda) :D

Lo primero que hicimos tras dejar las cosas en el B&B fue subir la colina llamada Carlton Hill. Desde allí se tiene una vista maravillosa de la ciudad hasta el mar. El casco antiguo es pequeño, se distribuye en torno a una calle, Princes Street (sí, con una "s"), en donde abundan tiendas de kilts regentadas por chinos. Una pena. Bien me hubiera comprado una bufanda de la lana de esas ovejas que vi a través de la ventanilla del tren, pero cualquiera se fía con un chino en la puerta de que sea lana escocesa. No os fiéis de las etiquetas: es costumbre coserlas y descoserlas, y lo que es chino se convierte en escocés por arte de magia.

Por la noche conocimos a un productor de televisión italiano, pareja de una (según él) famosa actriz, trabajando de camarero en un restaurante. La realidad de la emigración.

Bus de Edinburgo, con asientos forrados de cuadros escoceses :D

Afternoon tea con un Cranachan, dulce típico escocés.

Al día siguiente teníamos excursión: nos recorrimos de este a oeste Escocia. Visitamos el castillo de Stirling (imprescindible para los amantes de lo medieval), nos empapamos en la historia (culebrón) de la reina Mary de Escocia (a ver si me hago con alguna novela basada en ella), vimos vacas peludas, comimos Haggies (hígado, corazón y pulmón de oveja, picadito todo... Juro que no supe qué era eso que me había comido hasta el día siguiente que lo busqué en Wikipedia), cruzamos en barco el Loch Lomond (el más grande de Escocia), visitamos el pueblo de Luss y volvimos a Edinburgo.


Cañón del castillo de Stirling apuntando al monumento a William Wallace (interpretado por Mel Gibson en la película "Braveheart")


Salón del trono del castillo de Stirling


Vacas peludas :D


Loch Lomond

Si de algo me he arrepentido es de no preguntarle al guía de la excursión si los escoceses llevan o no algo bajo el kilt. Pero no me pareció, como dicen ellos, polite. Sobre todo porque el buen hombre iba de kilt riguroso. Nos quedamos con la duda, señoras.

Como aún no habíamos visto la catedral de Edimburgo por dentro, allá que fuimos. Sin embargo, al entrar nos dieron un libro de Salmos y nos quedamos a misa de ocho, en una capilla lateral, en penumbras, celebrando el Harvest Day (día de la cosecha), dando gracias por los frutos de la tierra bajo el rito anglicano-calvinista-de la Iglesia de Escocia (o lo que fuera aquello). Una experiencia maravillosa. Lo digo en serio.


Castillo de Edimburgo de noche

Al día siguiente tomamos el tren rumbo Londres. Como el viaje es más bien largo, decidimos hacer parada en York. Otra ciudad tipo Harry Potter: un aire medieval, callejas de piedra, muralla, río,... De estas ciudades en las que no te importaría quedarte un añito...


York

Por la tarde llegamos a Londres, a King Cross. King Cross es la estación de tren con el andén 9 3/4, el que Harry Potter atravesaba para tomar el tren a Hogwarts. En Londres nos despedimos de los English Breakfast, ya que optamos por un mini (más bien micro) apartamento frente a Green Park. Era tan pequeño que resultaba agobiante, pero alojarse en Londres es súper caro y en el apartamento encontramos buen precio, independencia (no dependíamos de horarios, teníamos cocina,...) y una ubicación envidiable desde la que se podía ir andando a buena parte de lo que había que ver sí o sí.

Y ya sabéis lo que es Londres: sacarse la Oyster Card en el metro (la forma más barata de moverse), comida take away del Pret a Manger, dar de comer a las ardillas, paseo en barco por el Támesis, los escaparates maravillosos de Fortnum and Mason, cambio de la guardia (con carrozas incluídas y quien creo que era el príncipe Carlos conduciendo un cochazo), Harrods, cenar de buffet un día en Chinatown y al día siguiente en el Asia de Cuba (uno de los restaurantes más in de la capital y que sin embargo supuso para mí una pequeña decepción), Big Ben, fotos en cabinas, buses de dos pisos, Picadilly Circus iluminado de noche, Downing Street y Baker Street (sí: la casa de Sherlock Holmes).


Big Ben


Parlamento de Londres


Ensalada take away de Pret a Manger


Flores de Saint James park, mi favorito de Londres


Puente de Londres


Big Ben, London Eye,... desde el Támesis


Restaurante Asia de Cuba, en el hotel St. Martins Lane (cadena Morgans)


Escaparate de Fortnum and Mason, tienda de comida delicatessen

Como souvenirs nos trajimos muchos scones para acompañar el té, cookies, un par de Cinnamon Danish (una especie de ensaimada con crema de canela) y dos revistas de recetas: un especial otoño (con la que aprenderé a hacer pies, hojaldres rellenos típicos) y, la joya de la corona, un especial Christmas, con todas las recetas navideñas inglesas, como el Christmas pudding. Si viajáis al extranjero por estas fechas y os gusta la cocina, en lugar de traeros figuritas o imanes os recomiendo que cojáis revistas de cocina. Así seguiréis el viaje en casa, incluso meses después de que haya acabado. Los sabores y olores son una manera de viajar...



Todo eso en una semana, ¡no me lo puedo creer!
Ha sido un viaje maravilloso de los que siempre recordaré,
acompañada por el que es el amor de mi vida: mi padre.

¡Besos a todos y todas! ¡Empezad bien la semana!



Links útiles
  • Mapa Reino Unido (aquí)
  • Red de tren en Reino Unido (aquí)
  • Trenes en Reino Unido (aquí)
  • Descuento 2 x 1 en actividades si viajas en tren (aquí)
  • Railcard (aquí)
  • Bus low cost - Megabus (aquí)
  • Traslados en bus a aeropuerto (Londres) - easyBus (aquí)
  • Mapa del metro de Londres (aquí)
  • B&B Chester - Ba Ba Guest House (aquí)
  • B&B Carlisle - Cornerhouse Guest House (aquí)
  • B&B Edinburgo - Mackenzie Guest House (aquí)
  • Apartamento Londres (metro Green Park) - Hostel Houses (=Kekko Houses) (aquí)
  • Excursiones por Escocia - Timberbush (aquí)
  • Horarios cambio de la guardia Londres (aquí)
  • Horarios cruceros por el Támesis (aquí)
  • Restaurante Asia de Cuba (Londres) (aquí)

¡Vuelvo!

Hace mucho que no escribo...

Ha habido muchos cambios desde entonces: trabajo nuevo (¡y de lo mío! No os conforméis nunca: ¡luchad por lo que deseáis!), un viaje (os lo contaré, tranquilas), nueva casita (desde la que se ve, al fondo, la sierra),... :D Todo eso me ha tenido bastante atareada (¡y feliz!) pero, aunque aún haya cajas de mudanza entorpeciendo el paso y algún que otro cable tirado por el suelo, no me he olvidado de vosotr@s.


¿Cómo iba a hacerlo? ¡Con la de mensajes y comentarios que me seguís dejando en público o privado, por el blog o en redes sociales! Sois un solete, una parte importante importante de mi día a día, una sonrisa con la que empezar el día. ¡Os echo de menos!

Así que ahora que se viene el frío, ahora que las mantas y tazas de té caliente son mejor compañía que las mangas cortas y las cañas de bar, vuestra Maru...¡vuelve!

¿Me acompañas?

Un beso a todos y... ¡GRACIAS por la espera! 
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