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Micas y lágrimas.

10 abril 2013

Hace un tiempo leí un reportaje que me produjo un gran malestar. Si ya teníamos suficiente con el sufrimiento al que la industria cosmética somete a los animales (atenuado, quizá, en parte por la reciente Directiva europea, que, ojo, tiene sus luces y sombras y vías fáciles de escaqueo, como denuncia la Asociación Nacional de Defensa de los Animales ANDA), ahora resulta que se está dando una gran explotación infantil en la extracción de uno de los minerales que más usa: la mica.

¿Qué es la mica?
¿Os acordáis cuando memorizábamos que el granito es "cuarzo, feldespato y mica"? Pues eso: la mica es un mineral que lo mismo se presenta solo que con otros. En realidad, la mica no es un mineral sino una familia de minerales. En la industria cosmética tiene un gran interés, ya que puede ser de colorines. Así, es uno de los ingredientes usados para dar color, desde a un labial, hasta a unos polvos, un fondo de maquillaje, unas sombras de ojos,... Prácticamente todo lleva mica.




Mica - Lepidolita (aquí)

¿Dónde se produce?
Para tener el mapa de dónde se produce, podemos echar un vistazo al informe "World Mineral Production" de la British Geological Survey (aquí), que nos muestra entre otros la producción por año y país. Os lo pondría más reciente, pero ahora mismo son los datos más actuales que proporcionan:




Más de la tercera parte de la producción mundial se concentra en China, y eso que las notas al pie indican que los datos son conservadores. Es decir, que seguro que las cifras son mucho más altas peeeero este país, gloria mundial de los derechos laborales (cuidado, que España le sigue cada vez más de cerca), probablemente no proporcionará datos, por lo que las estadísticas mundiales se basan en las exportaciones.

Además de China se reparten el cotarro de la mica EE.UU. y la República de Corea, pero hay otros muchos países que producen mica, países en vías de desarrollo como España, Egipto, Madagascar, Sudáfrica, Brasil o India.

¿Qué está pasando?
El reportaje de El Mundo del que os hablaba se titula "Los niños esclavos del pintalabios" y lo podéis leer aquí. Es un reportaje antiguo, del 2009, pero me temo que habla de hechos que siguen de actualidad. Hace referencia a la explotación infantil en las minas de mica de la India. Si bien es cierto que los datos de producción de mica no coinciden con los proporcionados por la BGS, la realidad de la que habla es bien cruda: miles de niños son explotados en estos países para extraer mica y poder hacer pintalabios para el primer mundo. Podéis encontrar más información en la web de "Bachpan Bachpao Andolan", aquí, ONG dedicada al tráfico y la explotación infantil en la India.

Os decía que el reportaje me había creado un intenso malestar, ya que me pilló de sorpresa. Nunca había pensado que detrás de un colorín pudiera haber sufrimiento. Pero lo cierto es que lo hay. Lo hay detrás de la ropa, del calzado, de la cosmética. El caso es que existen listados de empresas que experimentan cosméticos en animales y muchas de las que no lo hacen lo indican con un sello en los envases: "Libre de sufrimiento animal", "Cruelty free", dicen. Pero nunca he visto un sello que diga "Libre de sufrimiento infantil". ¿Estamos seguros de que las micas que contienen nuestros cosméticos se han extraído respetando los acuerdos de la Organización Internacional del Trabajo y, qué menos, mejoran esos acuerdos? Porque, recordémoslo, el llamado Convenio sobre la edad mínima (el número 138 de la OIT) fija la edad mínima para la admisión al trabajo de 15 años (13 para los trabajos ligeros) y para el trabajo peligroso en 18 años (16 bajo ciertas condiciones estrictas). Ahora, que se puede fijar la edad mínima en los 14 años (12 para trabajos ligeros) cuando "la economía y los servicios educativos están insuficientemente desarrollados".

Vamos, que en los países en vías de desarrollo una niña, para más inri analfabeta, de 12 años puede estar buscando mica en la mina y aquí no pasa nada porque total, ya tiene 12 años.

Lo peor del tema es que, con toda sinceridad, y tras leer esto lo reconozco con la cabeza gacha, yo no voy a dejar de usar cosméticos. Pero sí que desde aquí, si de algo sirve, hago una llamada a la concienciación y a la ampliación del concepto "Cruelty free", más allá de a la explotación animal, a la infantil.

Ojalá hubiera controles serios del origen y condiciones de extracción de los ingredientes cosméticos. Ojalá no tuviéramos que estar un miércoles hablando de estas cosas.

¡Besos marujiles!
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